viernes, 2 de julio de 2010

EL VALOR DE LA PALABRA - Pero parece que yo no la tiene

Desde hace días ando muy preocupado y no puedo evitar el pensar en porque a las personas ya no les importa un peso su palabra y su nombre ante los demás, son muchas las cosas que han pasado en mi vida con personas que conozco; bueno, creo conocer, que las situaciones en las que dejan su palabra por el suelo o no les importa cinco, que me dejan muy aburrido, desilusionado y otras impotente, pues es tan fácil cumplir con los que se compromete cada uno, que no veo porque ellos no pueden cumplir a cabalidad con lo que les corresponde.

Son situaciones que he notado en las personas que conozco, otras no, de como inicialmente se dan la palabra de honor y lo que se dice es cierto 100%, para que al final no cumplan ni con la mitad de lo acordado. He visto como acuerdos de reparaciones se enredan sin explicación y las mil disculpas salen del nuestra malicia, otras como no cumplir con una deuda o acuerdo de pago, buscando o escudándose en conceptos ajenos u opiniones ajenas,  buscando excusas o justificaciones "validas" para no cumplir con lo acordado.

Situaciones en la cual por el afán de hacer un negocio, se promete el cielo y la tierra, sin defectos y con todas las virtudes, pero cuando se excava en la tierra o las nubes llegan, ahí mismo sale las frases celebres que ya son aprendidas de memoria: ¡es que eso no es lo acordado!, ¡es que yo no puedo perderle mas dinero a ese negocio!, ¡es que es de segunda y eso se sabia!. 

Por Dios, que desilusión tan grande, la verdad me pregunto si vale la pena creer en la palabra de las personas, si el valor del "honor" ya no vale, o cuanto vale, como confiar en alguien que le falla a los demás, que busca una excusa "X" o "Y" para no cumplir con lo pactado.

Acaso ya somos pocos los que cumplimos lo que acordamos hacer, pagar o decir?, pues sí sabemos que nos costará mucho, pues fácil, NO NOS COMPROMETAMOS para no tirar a la basura nuestra "PALABRA" o la de nuestro amigo.

Todo esto me deja algo claro y una gran enseñanza, no empeñar mi "palabra" por nadie, pues de seguro me la pisotearan, y me he cuidado mucho para que mi PALABRA sí tenga todo el valor que se merece.

Gracias Juan de Dios Álvarez Bustamante (mi padre), porque TU sí me enseñaste a cumplir con mi palabra, así me cueste dinero, sudor o lagrimas, y si me equivoco o fallo, pues enmiendo mi falla o error, pero doy la cara con honestidad y puedo andar con la frente en alto.

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